La información correcta y la manipulación mediática

La capacidad para discernir la información es nuestra y podemos cultivarla

Opinión Por: Jeremías Ruiz 20 de marzo de 2017
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Estamos viviendo un "revuelo" mediático sin precedentes. Veo un afiche que reza "Clarín miente" y me pregunto ¿A quién le miente? ¿Qué intereses tendría Clarín para mentir? ¿Que intereses tendría quién pegó el cartel? ¿Eso significa que debo consumir información de otra editorial o grupo mediático? ¿Si Clarín es el malo, hay otro bueno? ¿Quién define la veracidad o transparencia de un medio de comunicación?

Es una orden que quiere ser verdad, pero quién acusa a otro de mentiroso ¿no podría también estar mintiendo?. Ciertamente, dudas existenciales que Darío Sztajnszrajber define de esta manera:

“Nada puede comprobarse con un cien por ciento de verdad. Si partimos de ese dato, nada entonces es efectivamente verdadero y por ello todo es una mentira. Tal vez por eso, sea mucho más interesante salirse de este pensamiento binario y apostar por un pensamiento de los intersticios. La verdad y la mentira son dos polos ideales e irreales que marcan un tránsito permanente”

¿Cuál es el problema?
La realidad es que la información "vuela" de un medio a otro, muchas veces sin chequear, muchas veces copiando y pegando. Los medios nacionales e internacionales son en gran parte fuentes de información para los más pequeños, sobre todo para los medios locales alejados de las grandes capitales y de bajos recursos, siendo así, se torna difícil saber quién creó la información que estoy leyendo ahora. Las fakes news, por ejemplo, se han puesto de moda durante las elecciones en Estados Unidos, y sistemas como Facebook, Google y demás ya han anunciado su carrera contra las noticias falsas, pero... ¿Cómo se determina la falsedad de una noticia? ¿Cómo saber cuál es la información correcta? ¿A qué intereses responde?

Muy fuera de la duda, todo apunta a un solo problema. Los medios de comunicación emiten información, el público cree en esa información y actúa en consecuencia.

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¿El problema son los medios?
Creo que son parte, pero no exclusivamente. En ese sentido tenemos que hablar de la objetividad de los medios. Ciertamente los medios de comunicación no son objetivos, o mejor dicho, no pueden serlo, naturalmente. Las personas que redactan y obtiene la información se encuentran condicionadas por sus conocimientos y experiencias, quizás en algunos temas puedan serlo, no se puede negar la objetividad en la matemática, aún así, la información puede ser verídica y fiel reflejo de una realidad, pero la manipulación del discurso nos puede hacer percibir una realidad distorsionada.

Caemos en estas trampas todo el tiempo, especialmente por el constante bombardeo de información y los distintos soportes tecnológicos por donde la recibimos, por ejemplo: la digitalización de las redacciones obligó a los productores de contenidos a entender cómo funcionan las audiencias para obtener beneficios, y en ese objetivo hacen lo que sea casi sin reglas. Entonces, ya sabemos que los medios no pueden ser objetivos, sabemos que algunos pueden llegar a manipular la información por interés, sabemos que algunos son espacios de opinión (redes sociales) y, sabemos que hay información falsa creada adrede.

¿Ayudaría si pudiéramos conocer a qué intereses responden los medios, es decir, si fueran transparentes?
En Argentina, desde hace unos años, concretamente desde el 2001, fue creciendo aceleradamente la idea de que algunos medios de comunicación pudieran estar mintiendo o manipulando información para orientar la opinión pública hacia ciertos intereses. Los intelectuales y personas del ambiente conocen desde siempre estas estrategias, Noam Chomsky, uno de los pensadores más influyentes de nuestra época, es una importante voz al criticar al poder gubernamental y corporativo como titiritero de los grande medios. Chomsky dice:

“En un estado totalitario no importa lo que la gente piensa, puesto que el gobierno puede controlarla por la fuerza empleando porras. Pero cuando no se puede controlar a la gente por la fuerza, uno tiene que controlar lo que la gente piensa, y el medio típico para hacerlo es mediante la propaganda (manufactura del consenso, creación de ilusiones necesarias), marginalizando al público en general o reduciéndolo a alguna forma de apatía”

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La transparencia de un medio nos puede dar una idea de los intereses que podría o no estar persiguiendo, en consecuencia, podríamos estar más acertados en cuanto a lo que percibimos de la información que brinda, pero la transparencia sería, a mi parecer, un pequeño parche ya que volveríamos a dejar en manos de los medios la decisión de ejecutar correctamente la transparencia y, además, no se resuelve el problema de la manipulación.

¿Cuál es la solución?
El afiche decía "Clarín miente", queda claro que evitar consumir un determinado diario no resuelve el problema porque la mentira o mejor dicho, la manipulación, puede venir desde cualquier diario, canal de tv, radio o sitio web, pero no lo digo acusando, y repito, creamos información de acuerdo a nuestros conocimiento y experiencias, de manera que no podemos culpar a los medios (aunque parezca evidente en algunos casos).

Decir que estamos en la era de la información ya es cosa del pasado, hoy estamos en la era de discernir la información. José Antonio Marina

La frase de Marina es clara. La información ya está aquí con todo su potencial y somos tan responsables al asimilarla como quienes la emiten. Lo que nos queda es discernir, aprender, leer, ser críticos hasta de una crítica. Tomar toda la información con pinzas y asumir que quien nos presenta una información no es objetivo, no puede serlo. Podemos elegir qué creer y que no, es nuestro deber ser críticos con toda información. En esta era, la información compite por nosotros, y ya no nos podemos quedar con lo que dice un diario, una radio o un sitio web. No podemos ser perezosos porque nos jugamos nuestra percepción de la realidad, que no es poco decir.

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